domingo, 8 de mayo de 2016

La sorpresa de Tomás.










Tomás carraspeó con persistencia.
Ernesto, su padre, seguía escribiendo. Estaba acabando las últimas frases de su próxima novela.
- ¡¡Bien!! - gritó exultante Ernesto al acabar el capítulo.
- Ejem. - volvió a la carga Tomás. - Grrrr, grrrr, ejem.
Arturo los miraba divertido desde la puerta.
- Papá.
Ernesto no le hizo ni caso.
- ¡¡Papá!! - dijo casi gritando.
- ¿Eh?
Ernesto dio un salto. Estaba tan concentrado que no se había percatado de nada.
- ¿Qué pasa Tomás? Me has asustado. ¿Estás enfermo?
Se acerco a él asustado. En un momento se dio cuenta que su hijo pequeño estaba angustiado. Tenía la frente perlada de gotas de sudor y su tez estaba pálida. Le puso la mano en la frente y le abrazó.
- ¿Estás bien mi vida? ¿La gripe? ¿Has soñado con la maga mala?
- Tengo que decirte algo. - tragó una saliva de la que no disponía.
Ernesto se separó de su hijo para poder verlo.
- Mira que eres dramático, enano. Suelta lo que sea, que a papá le va a dar un algo. - apuntó Arturo.
- Tranquilo, Tomás. ¿qué ha pasado? - matizó Ernesto.
- Pues que... ejem, tengo novia. - estas dos últimas palabras fueron casi un susurro.
Arturo estuvo tentado de soltar una carcajada. Ernesto levantó una ceja y no se atrevió a respirar.
- ¡Dí algo! - apremió Tomás. - y tú, no te rías imbécil – le espetó a su hermano – que ya te vale contigo y tus rollos.
- Oye, enano, déjame en paz que no me he metido contigo. Todavía.
- ¡Papá! - Tomás volvió su atención a Ernesto. - Perdóname, ya sé que pensabas que lo mío con Ricardo iba en serio, pero... Valentina... es que me he enamorado.
- ¡Ah! ¿Valentina?
- ¡¡Dí algo!! Joder, ya sabía que te iba a decepcionar. No debería habértelo contado. Debería haber fingido estar con un chico.
- Pero que dices, Tomás, si te quiero y te querré siempre, ya lo sabes. Me da igual que estés con un chico o con una chica. Solo que me he sorprendido. Pensaba que te gustaba Ricardo o en todo caso, Guillermo.
- O Manú – apuntó Arturo. “O Eduardo, o Luis, o Hugo...” pensó, aunque no lo dijo en voz alta.
Arturo seguía intentando controlar una carcajada so amenaza de su padre de partirle las piernas en cuanto se quedaran solos. Ernesto a Arturo: mirada de “te la estás jugando”.
Ernesto se levantó y dio un abrazo a Tomás. Hizo un gesto a Arturo que se acercó corriendo y se abrazó a los dos.
- Sé que no os cae bien Valentina... - Tomás miró alternativamente a su padre y a su hermano.
Ni Ernesto ni Arturo se atrevieron a negar lo evidente. Siempre les había caído como una patada en los testículos: era antipática, chula, muy engreída.
- Lo importante es que tú estés bien, a gusto. Si os queréis pues no hay nada más que hablar. Tienes casi 17 años. No te he dicho con 12 lo que debías hacer, no te lo voy a decir ahora. Otro abrazo de los tres.
- Papá, tengo que decirte otra cosa. - Tomás se mordió el labio de abajo.
- Dispara. - Ernesto estaba expectante.
- Pero no te enfades.
- No hombre no.
- Vamos a tener un niño.
- ¿Eh?
- Valentina está embarazada de mí.
Arturo estuvo listo para agarrar a su padre antes de que llegara al suelo. Ernesto había perdido el conocimiento.

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