viernes, 29 de abril de 2016

El sargento y el soldado.

Para mí que el soldado se hizo el dormido cuando estaba de guardia. Y el sargento pasó revisando las garitas y lo puso firme.
Pero solo quizás, el sargento había oído rumores de que el sargento tenía una lengua que sabía encontrar el placer en los hombres que se encontraban en su camino. Solo quizás le dijo que el castigo sería menor si su lengua era tan buena como decían los comentarios en el cuartel.
Solo quizás, al soldado se le hizo la boca agua y se lanzó hacia el sargento. Los comentarios del cuartel también decían que el sargento tenía una tranca del 10. Y un cuerpo como los que le gustaban al soldado, rudo, fuerte, con aromas. Y que el sargento gustaba de que le chuparan los pies con dedicación. Y este era un vicio oculto del soldado. Pero solo quizás.
El caso es que el soldado, solo quizás, se puso a redimir su castigo.  Con dedicación. Con pasión. Y más al comprobar que el cipote del sargento eran de los que hacen época.  Era la primera polla que no podía meterse entera en su boca.










Solo quizás el sargento no cumplió su promesa y castigó al soldado por su falta. Lo recluyó en sus aposentos, "arresto domiciliario" lo llamó. Y todas las noches, y las mañanas también, el soldado miraba con gusto de redimir su castigo, aunque con el deseo secreto de que es no ocurriera nunca.

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