viernes, 19 de febrero de 2016

Gio juega en el trabajo.









Giovanni estaba trabajando en su ordenador. Era una tarde productiva. Pero también era una tarde fundamental por la cantidad de trabajo que debía terminar. Los días siguientes serían más tranquilos, lo que le hacía soñar con ese momento y salir a la calle a ligarse a un guapo chico y comerle la boca hasta que se le agrietaran los labios.
Pero de repente, y cuando todos estos pensamientos estaban lejos, él concentrado en el trabajo, al moverse en la silla sintió que sus piernas temblaban. Sintió que su agujero empezaba a palpitar, necesitando, queriendo, llamando. Y su polla empezó a ponerse morcillona, lo que le excitaba todavía más.
Trató de quitarse el tema de la cabeza, relajarse y seguir con el trabajo. Pero era imposible, Cada vez que se movía en la silla, su ano reclamaba atención. Y su polla cada vez crecía más, sintiéndola ahí dentro de los pantalones, también pidiendo un pequeño esfuerzo para acabar de ponerse dura.
Gio se levantó de un salto y entreabrió la puerta de la oficina. Comprobó que no había nadie. Se pasó la lengua por los labios, saboreando de antemano.
Fue a su mesa y abrió el último cajón. Allí había una bolsa hecha un ovillo. Dentro estaba su juguete naranja.
No había prisa. Ahora no. O lo disfrutaba a tope o no serviría de nada. Su juguete, sus labios, su lengua, su orto palpitando y su polla babeando.

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Di algo, hombre. No te cortes.