sábado, 30 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (5).





Capítulo 5.

Joan miró por enésima vez su teléfono. No había ninguna llamada perdida. Fermín no le había llamado. Ni él ni nadie. Aunque los demás no importaban.
Recordaba aquella mañana de domingo. Recordaba cuando se metió en la ducha. Recordaba ese primer beso de Fermín. Recordaba cómo le fue recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Con sus labios.



Recodaba cuando se corrió por primera vez ese día.
Recordaba cuando fueron al dormitorio. Como se besaron. Como se acariciaron.
Recordaba cuando se corrieron los dos por segunda vez.
Recordaba ese café ya frío que se tomaron después. Y como se corrieron por tercera vez en el sofá del salón.
Recordaba como salieron desnudos con el edredón a fumar un cigarro a la terraza. Como se abrazaron y como se daban calor mutuamente debajo del nórdico. Como se besaron… hasta que empezaron a notar el frío. Como volvieron a la ducha… y como se corrieron por cuarta vez.



Recordaba como comieron un sándwich cuando ya anochecía.
Recordaba las promesas de amor de Fermín.
Recordaba el beso largo y profundo que le dio en la puerta. Y como le prometió llamarle. Al día siguiente. Porque estaba de vacaciones. Y quería pasar esa semana con él, con Joan.
Joan pensó seriamente en que quizás Fermín fuera el que le hiciera superar a Ignacio. Porque aunque no lo reconocía en voz alta, Ignacio seguía ahí, dentro. Joan se lo contó así a Rafa… su amigo de toda la vida. Rafa le miró con cara de escepticismo… le dijo que no le conocía. Que no conocía apenas a Fermín. Joan levantó las cejas… y le contestó que “Tú que sabes”. Rafa se iba a trabajar a Londres al día siguiente. “Bye, Bye” le dijo con la mano cuando se despidieron, pero sin echarle de menos.
Al día siguiente esperó la llamada. Lunes. Tenía clase… pero no fue. Esperaba la llamada. Rosa le llamó… le contó… Rosa le dijo que fuera a clase… Joan le dijo que vale…
Pero no fue hasta el miércoles.
Tuvo que ponerse las pilas para recuperar el tiempo perdido.
Inés, su compañera. Le dijo que si no era muy pronto para olvidarse del “amor de su vida”. A Joan le contestó que si debería haber muerto con él. Inés le miró con desprecio. Joan no le volvió a mirar a la cara.
El miércoles por la noche, le llamó.
Fermín no contestó.
Llamó 5 minutos después.
No contestó.
Esta vez dejó 10 minutos.
Teléfono apagado
El jueves a las 11, seguía el teléfono “apagado o fuera de cobertura”



26 intentos de llamada fallida.
Ricardo le dijo que a lo mejor era la forma de decir de Fermín que había sido un buen polvo… y que no quería nada más. Joan le miró con cara de cordero degollado.
- Ricar, he perdido la forma. No estoy acostumbrado a estas cosas. 8 años con Ignacio… ya no sé lo que quieren decir los gestos. A lo mejor “te llamo mañana” Quiere decir… “Vete con tu culo a pasear por el Castillo”.
- No te agobies Joan…
- No me agobio Ricar, ya estoy agobiado.
- ¿Te pillaste?
- Me pillé la primera vez que le vi. Cuando Gervasio me lo presentó.
- Joan…
- Soy bobo.
- Te van a hacer daño. Eres demasiado confiado.
- Ya…
- Ignacios no hay muchos.
- Ya.
- No jodas la vida por…
- De momento ha sido solo una semana.
- Joan…
Y Ricardo se calló. Le miró con cara de pena. Joan no se dio cuenta, tenía la cabeza gacha. Para un observador superficial, podría haber significado que su amigo le daba pena. Para uno avisado, Ricardo se daba pena a sí mismo. Al final, se levantó y dejó sentado a Joan. Le dio un apretón en el hombro como forma de despedida. Aunque lo que verdad le pedía el cuerpo era abrazarlo y besarlo... en los labios.


jueves, 28 de junio de 2012

Mucho trabajo


No sé, a lo mejor podíais ir a ayudarle. Va a acabar rendido... ains.

martes, 26 de junio de 2012

Refrescándonos.






Es que hace calor...
Hay que refrescarse, sí.

domingo, 24 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (4).






Capítulo 4:

Fermín se despertó. Eran las 5 de la mañana.
Se levantó de la cama. No iba a poder dormir, lo sabía. Como todos los días.
Era domingo. Su segundo día de vacaciones.

 

Se levantó, pues, y se fue a la terraza.
Miró la calle. Era de noche. Y todavía faltarían un par de horas para amanecer. Sacó un nórdico… hacía frío. Se acurrucó dentro de él, y se sentó en una de las sillas. En la terraza.
Miraba la calle.
Miraba la gente que pasaba. Poca. Volviendo la mayoría de una noche de diversión, copas y baile. Algunos de sexo. Incluso de amor.
Buscaba lo de todas las noches, o las mañanas: Buscaba a Gervasio esperando a que saliera. O corriendo por los alrededores.
Pero era demasiado pronto para un domingo. En realidad era muy pronto para casi todos los días.
Dieron las siete.
Dieron las ocho.
Empezaba a amanecer.
Al final se levantó y se fue adentro. A pesar del edredón, se había quedado helado.
Se puso el chándal y se calzó sus deportivas.
Y salió a correr.



Corrió durante media hora a trote decidido, como si fuera un corredor habitual y entrenado. Pero no lo era. Paró unos instantes a recuperar el resuello doblado sobre sí mismo. Se apoyó en uno de los bancos que había en el parque en dónde había acabado. Iba poco a poco regularizando su respiración.
- Despacio Fermín, respira despacio – se lo decía en voz alta como si así fuera a hacerse caso a sí mismo.
Debería volver a un paso más lento. “A trote cochinero”. No estaba en forma. Quizás, si saliera a correr todos los días… Pero salir a correr por las mañanas no era algo natural en su forma de vida.
Venía un grupo de frente. Eran tres… no cuatro. Tres chicas y un chico. Le saludaron cuando pasaban por al lado. La solidaridad del corredor, pensó Fermín. No conocía a ninguno de ellos. Una de las chicas le sonrió.
Empezó a caminar. Pensó en ir adelantando camino. Hacía frío. Cuando se encontrara de nuevo con fuerzas, empezaría a trotar suavemente. “Trote cochinero”, se repetía mentalmente para concienciarse.
Otro corredor venía de frente. Éste no le saludó al pasar por su lado. Iba con sus cascos y a lo suyo.
Ya se había recuperado un poco… respiró profundo un par de veces y empezó a trotar suavemente.
- Trote cochinero – se dijo entre dientes.
Otro corredor.
Una chica.
Otro corredor.
Un chico.
Se fijó en él. Estaba lejos todavía. Algo le resultó familiar. Le empezó a subir la adrenalina. Pensó… creyó… que era Gervasio… Se puso en tensión… todo le… no podía controlar… El pecho le oprimía... hasta empezó a excitarse... El chico que venía iba con la cabeza gacha… ya estaban más cerca... el chico levantó la cabeza…
No… no era Gervasio... era Joan… Fermín… no tenía ganas de hablar con Joan… demasiado cerca para intentar evitarlo.
- ¡Hola! – saludó Joan, antes de que Fermín hubiera tenido tiempo de tomar alguna alternativa.
- ¡Hola! ¡Qué sorpresa!
- Me imagino que agradable – con un cierto tono irónico - No contestes… se te nota en la cara. Yo sigo corriendo, que pierdo el ritmo. Agur.
Y Fermín se quedó mirando como Joan seguía su camino.
Se giró y volvió a empezar su trote.
Al fin, llegó a casa.
Fue dejando su ropa por el pasillo hasta llegar a la ducha.



Se quedó parado sintiendo resbalar el agua por su piel. El agua bien caliente.
Diez minutos.
Quince.
Al final salió. Estaba todo arrugado y el cuarto de baño estaba lleno de vapor, el espejo empañado.
Se secó.
Se miró en el espejo. Apenas se veía nada. Pasó la toalla por él para desempañarlo. No le gustó nada lo que vio. Nunca había sido guapo. Ni su abuela le dijo nunca eso de que era el niño más guapo del mundo. Su abuela debió pensar que no debía engañar a los niños. Ni crearles expectativas que luego no se cumplieran. Nunca había sido guapo. Pero tampoco se consideraba feo, ni los demás lo hacían. Pero ahora además, pasaba factura las noches sin dormir. La tristeza. La falta de chispa en sus ojos.
Se puso el chándal con el que solía estar en casa. Fue recorriendo el pasillo recogiendo la ropa que había ido dejando tirada antes.
Se fue a la cocina… pero al pasar por el salón, se fijó que se había dejado el nórdico en la terraza. “Menos mal que no hacía viento”, pensó. Salió a cogerlo. Miró la calle… por si pasaba por allí, por si estaba apoyado en un coche esperando a que saliera, o a que se asomara, como aquella vez. Pero no. Solo pudo ver a Joan… que justo pasaba. Iba andando, haciendo ejercicios con los brazos... Tuvo un impulso…
- ¡Hey! ¡¡Joan!! Sube, te invito a un café.
Joan se quedó mirando. No parecía muy decidido. No acababa de entender a ese chico. Al final la curiosidad le empujó a cruzar la calle para aceptar la invitación de Fermín.
- 4º A – oyó que decía Fermín por el automático mientras abría la puerta del portal.
Subió y se encontró la puerta abierta.
Entró y la cerró.
- ¡Hola!
Se agachó para quitarse las zapas. Había estado corriendo un rato campo a través, y tenían algo de barro.
- ¿Dónde puedo dejar las deportivas? Tienen barro…
- Aquí en la cocina. ¿café?
- Con leche, please.
- Siéntate en el salón si quieres mientras se hace el café.
Joan le hizo caso y se fue al salón. Apartó un montón de revistas que había en una butaca, y se sentó.
- A lo mejor te apetece ducharte – gritó Fermín asomándose por la puerta de la cocina.
- No me importaría, pero no tengo ropa para cambiarme.
- Te dejo yo si quieres. Dúchate y te saco un calzoncillo y calcetines.
- No quiero...
- No es molestia.
- Pero...
- Ya me los devolverás. O no. A lo mejor te sirve como fetiche.
Joan se quedó mirándole como escrutando la expresión de Fermín para saber como tomarse esa frase.
- Perdona – dijo rápidamente Fermín – era coña.
- Bien – contestó Joan en tono neutro.
Joan se levantó de la butaca.
- Por el pasillo, la primera a la izquierda.
Salió Joan pues hacia el pasillo.
Se fue quitando la chaqueta del chándal.
Encendió la luz del baño.
- En el armario de debajo del lavabo tienes toallas.
Se quitó la camiseta.
- Hace calorcito en el baño.
- Me acabo de duchar – le contestó Fermín desde algún lugar de la casa.
Se agachó y cogió una toalla del armario.
Tiró de la goma del chándal, lo bajó un poco, y lo dejó caer.
Se lo sacó con los pies, sin agacharse.
Dejó caer también los calzoncillos.
Abrió la mampara de la ducha.
Dejó correr un poco el agua. Hasta que salió caliente.
Entró.
Cerró la mampara.
Graduó la temperatura.
Colgó la cebolla.
Dejó correr el agua moviéndose para que el agua le recorriera todo el cuerpo. Empezó a pasarse sus manos lentamente por su piel.


 Fermín entró con una muda y un chándal.
Se quedó mirando al trasluz la sombra del cuerpo de Joan.
Dejó la ropa en una silla.
Salió.
Desde fuera, antes de cerrar la puerta, se quedó mirando otra vez la silueta.
Volvió a entrar al cuarto de baño, decidido.
Se desnudó.
Abrió la mampara.
- ¿Qué haces?
Empujó a Joan para hacerse sitio en la bañera. Se pegó a él. Busco su boca con la suya mientras sus manos le sujetaba contra la pared.
Besó, besó...
Joan no le devolvía los besos, intentaba separarle.
Fermín insistió. Forcejearon, pero no con demasiada intensidad.
Joan dejó que su cuerpo tomara el mando y se rindió.
Se besaron. Ahora sí, los dos besaban.
Fermín recorrió con su boca de arriba a abajo el cuerpo de Joan.
Joan miraba al techo... cerraba los ojos... dejó su mente en blanco...
...
...
… y suspiraba.


viernes, 22 de junio de 2012

Un animal sexual.


Parece esculpido para provocar intensas reacciones sexuales en quién lo mire.
Uffffffffffffff.
Yo creo que ahora que se está mirando en el espejo, de un momento a otro se va a correr solito. Es que mirarse y a la vez sentirse objeto de esa mirada, le debe dar como un éxtasis incomensurable.
Si tenéis el teléfono, por favor lee llamáis y le pedís que me diga algo al respecto.
Ahora que pienso, seguro que tiene algún punto débil, alguna imperfección.
 

miércoles, 20 de junio de 2012

Chico precavido


Se quita los calzoncillos, pero no quiere perderlos... no es cuestión de que luego vuelva sin ellos a casa...

lunes, 18 de junio de 2012

¿Cuál es tu precio?



No recuerdo los detalles, pero hubo una especie de prueba o broma que se hizo a algunas personas que habían participado en un casting para “Gran Hermano”. Les llamaban por teléfono y les ofrecían entrar en el concurso, pero si cumplían unas premisas.
Y es que, les contaban, los guionista habían pensado en que fueran gays, y tenían que fingir serlo. Pero con todas las consecuencias. Por supuesto, esta propuesta se la hicieron a hombres que habían dicho ser heteros.
Y el experimento consistía en comprobar qué eran capaces de hacer para ser de los elegidos. Y si no recuerdo mal, una gran mayoría dijeron que sí, que sin ningún problema. Solo alguno puso algún reparo si les tenían que penetrar analmente.
Porque claro, la condición sexual, digamos que es una de las características de la persona, menos renunciable. Por lo menos en el sentido más difícil. Es decir: lo difícil, lo que da problemas en nuestra sociedad es ser gay. Hay muchos homosexuales que han renunciado a vivir su vida por miedo, o por no enfrentarse a su entorno social, o por no entrar en conflicto con ellos mismos. Pero al revés, digamos que no tiene sentido, salvo que alguien tenga mente abierta y se enamore de un hombre, siendo hetero, y decida seguir su corazón contraviniendo su tendencia sexual natural. O en el caso, como dicen algunos talibanes, porque ser gay está de moda. Ejem.
Pero esos aspirantes a concursantes, por dinero, no pusieron ningún reparo a fingir ser gay delante de millones de personas, incluso llegando a practicar sexo, si era necesario por guión.
Y es que ¿Qué estamos dispuestos hacer por dinero?
Un amigo un día, me comentaba que, dependía de la cantidad. ¿Es así? ¿Todos tenemos un precio? ¿Y hasta dónde llegamos?
Cuando cuelgo un modelo que se dedica a la moda, no al porno, al cabo de unos días, llegan visitas “preguntando” si ese chico es gay. Pasa con Joan Pedrola, con Ash Stymest, con Alejandro Rodríguez, con Nicolás Ripoll... con todos. Hay interés en saberlo, para soñar con ellos, digo. Con los modelos de porno, parece que no existe esa inquietud, porque todos dan por supuesto que, si hacen porno gay, es que son gays. Pero... tampoco es así.


No me refiero a los chicos que posan desnudos y ya. Muchos de esos, si te fijas en la revista que le dan para ponerse a tono, son revistas de mujeres. Me refiero a los actores que practican sexo delante de la cámara. Pero en cuanto te das la vuelta, el actor ese que es tan conocido, resulta que declara que es hetero, y tiene novia. Recuerdo a un actor muy conocido hace años, Chance, que dejó el porno gay cuando se casó con su novia de toda la vida. Y en los últimos tiempos, muchos actores de porno gay se dicen heteros. Y no, no va con lo de pasivo y activo, que ese es otro mito. Esos actores hacen de pasivos sin problemas. Esto me recuerda esa idea que tenían algunos de que un gay activo, era menos gay que uno pasivo. O sea que, uno activo tenía disculpa. Y en algunos relatos eróticos sigue respirándose ese ambiente, sobre todo cuando se trata de poner a un hetero teniendo sexo con un hombre, y es la disculpa que ponen. Vale, me acabo de acordar que eso pasa también en la vida real, que recuerdo un caso... va, para otro día.


Volvamos a los actores. En concreto hay un chico, por cierto guapísimo, que suele trabajar para Corbin, que ese desde el principio, declaró que tenía novia. En esa página tiene por costumbre contar cosas de los modelos, y de cómo fueron las grabaciones de las escenas, o las sesiones de fotos. Este chico que ahora no recuerdo como se llama, ni siquiera se declara bisexual. “Curiosidad”... y dinero, claro. Luego le he visto en escenas con chicas, así que no era un farol. Y ves sus fotos, y desde luego, disimula muy bien no ser gay. Lo hace por dinero, dice. Y hace de pasivo, que ya veo a alguno diciendo que... pues no.


¿Os acordáis de “Proposición indecente”? Robert Redford, y Demi Moore, si no me falla la memoria. Sexo por dinero. Redford millonario, Moore, casada felizmente con otro. ¿Aceptas? ¿Hay consecuencias?
Pero bueno, salgamos del sexo. Aunque es un campo que creo que se ve mejor esa “venta”. Periodistas, por ejemplo. No todos los que trabajan en un medio determinado, tienen la ideología de ese medio. Pero... se pliegan a las consignas del medio en cuestión. Por ejemplo... seguro que en esos medios que atacan y denigran a los gays, hay trabajando gays. Seguro que no todos los que trabajan en “el País” están de acuerdo con su ideario, ni político ni empresarial. Pero no dudarán de adecuar sus artículos a lo que piden en su trabajo. Y si en el primer caso deben decir de los gays que somos pervertidores y un peligro para la sociedad, lo dirán.
Familia. ¿Cuantos hacen oídos sordos al abuelo cascarrabias, en espera de la herencia? ¿O al tío soltero y pesado?
¿Cuál es tu precio?
Y luego hay personas que no entienden a los chaperos, por ejemplo. Venden su cuerpo, dicen. Y tú, ¿No te has vendido en otros sentidos? O a lo mejor también sexualmente.
El caso es que esto es un lío. Porque tú ves la foto de un chico que hace porno. Y te le imaginas contigo, en la cama, en el cine, delante del juez declarándoos casados y esas cosas. Y resulta que el tío mentecato no es gay. Entonces ¿Qué más nos da si Simon Nessman es gay o no? Total... ya no te puedes fiar ni de los pornos...
Y yo ahora... ¿con quién voy a soñar? Si es que ya no se pude ni soñar a gusto...


sábado, 16 de junio de 2012

No pienso moverme de la butaca.





En todo el fin de semana.
Y no voy a hacer nada más.

viernes, 15 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (3).




Capítulo 3:

Fermín levantó la cabeza, sobresaltado. Un chico le miraba sonriente, desde la superioridad que da el que estuviera de pie, y él sentado. Tardó en centrar la vista… y luego no relacionaba a ese chico con un nombre. Su cabeza trabajaba a todo ritmo… pero no lograba…
- Hola – dijo apresurado Fermín, para no parecer descortés. Estiró su mano para dársela…
- Anda, dos besos mejor ¿no?
Y el chico se agachó… Fermín medio se levantó… casi chocan… se rieron nerviosos… al final atinaron a darse esos dos besos de saludo.
- Qué lío nos hemos montado en un minuto – dijo el chico.
- Sí – dijo mirándolo fijamente, pero casi sin poder ocultar su nerviosismo… le sonaba… y es que era guapo el condenado también…
- ¿Me puedo sentar? ¿Te importa?
- No, para nada… siéntate… huy… lo que no sé es dónde….
- Espera, voy a buscar una silla… espera, allí veo una… ahora vuelvo.
Fermín no dejaba de pensar… ¡¡Hostia puta!! Joan… el amigo de Gervasio… cómo se le podía haber olvidado…
- Ya estoy aquí.
- Sí…
- No sabes quien soy, ¿a que no?
- Sí… perdona… que… bueno… que no te reconociera al principio… ¿se me notaba mucho?
- Na… no demasiao… - Joan sonreía para quitarle importancia - ¿Como estás?
- ¿Yo? Estupendamente… sisisisisisi… fíjate, estoy de vacaciones. ¿Se puede estar mejor?
- Que suerte… ¿En qué trabajas? Gervasio no me ha contado en que trabajas.
- Na, trabajo director de marketing en una bodega de vinos de la Ribera de Duero.
- ¡Joder!… Pero si eres muy joven…
- El jefe es mi amigo… jajajajaja. Casi me subí al proyecto junto a él. Su familia es de pasta y le dieron money para montar la empresa. Él siempre tuvo ese sueño. Somos amigos de toda la vida… y acabé la carrera y me lancé.
- ¡Qué guay! ¿Y va bien?
- No nos podemos quejar… estamos aumentando… huy… perdona, me acabo de dar cuenta que me voy a enrollar como las persianas… y no quiero aburrirte… ¿a que te dedicas tú?
- Yo estudio. Pero no me aburría para nada lo que me contabas…
- ¿Qué estudias?
- Pedagogía.
- ¡Anda!
- Sí…
- ¿Es vocacional?
- Sí, sí… me gusta enseñar… espero dedicarme a los niños con problemas… Si pudiera me iba a estudiar Psicología a Salamanca… o Madrid… para completar… pero además me da pereza irme, estoy a gusto en Burgos.
- Eso suele ser que has conocido a alguien con problemas…
- Yo mismo… yo he tenido muchos problemas… soy yo mismo el que me sirve de acicate.
- ¡Vaya! ¡Lo siento!... no quería…
- Ya, ya…
- Bueno…
Se quedaron callados un rato. Fermín estaba un poco avergonzado por haberle llevado a decir cosas tan íntimas. Aunque en verdad, lo que le avergonzaba esa el saberlas…
- ¿Sabes algo de Gervasio?
- ¿Ein?
Fermín se volvió a quedar descolocado…
- Ya veo que no…
- No… bueno hace unas semanas estuvimos corriendo juntos…
- Vaya…
- Sí, pero desde entonces…
- Sigues pillado por él ¿eh?
- ¿Eh?
- Es que se te notaba la hostia…
- ¿Sí?
- Sí.
- ¡Ah!
Joan le miraba con una medio-sonrisa en sus labios. Una sonrisa que a la ligera, podríamos pensar que se indicaba un cierto sentimiento de superioridad respecto a Fermín, como si estuviera por encima de él… por encima de las cosas o sentimientos que pudiera tener en ese momento su compañero de mesa… pero estudiándola más profundamente, en realidad era una mirada de pena… mezclada con la intención de animarlo, de quitar importancia al desierto por el que parecía estaba pasando Fermín… Pero éste no estaba para entender esas sutilezas.
- ¿Tú sabes algo de él? - Se atrevió a preguntar al cabo de unos minutos Fermín, que se estaba poniendo tenso.
Y lo hizo sin mirar a Joan, perdiendo la mirada en cualquier sitio, en ninguno en realidad. Sin atreverse a ver la reacción que iba a tener… no sabía siquiera si quería oír la respuesta…
- Sí y no… - contestó Joan, tampoco muy seguro de cómo contestar…
- ¡Ah! Muy esclarecedor… - a Fermín se le empezaba a levantar un cierto ánimo de rabia, furia más bien. No entendía lo que Joan pretendía y eso le empezaba a sacar de sus casillas.
- ¡Ains! Es que…
- Joan, vamos a ver… - Fermín estalló - nos presentó un día Gervasio. Eres amigo de él, supongo, o eso me pareció. Me dices hace unos instantes que se me notaba a la legua que estaba más coladito por él que… que… que… joder no se me ocurre ninguna comparación. Pero me entiendes… o sea que sabías si te sentabas en esta mesa, que Gervasio iba a salir. Y encima lo sacas tú, o sea que la pregunta estaba cantada. Porque es evidente que sabes que está de viaje, o que está con su marido, porque a lo mejor está casado, o que ha muerto de un cáncer fulminante. O sea que ahora no te hagas el indeciso, el estrecho. Si te has sentado aquí, si hoy me has buscado, es que querías contarme algo de él, o que yo te contara o regodearte en la simpleza mía de estar jodido desde hace meses, desde que le conocí…
- E…
- Cállate un segundo, please. Déjame acabar.
- Vale, vale… no di…
- Pues eso, cállate un segundín. También podría pensar que quisieras ligar conmigo. Pero… primero eres demasiado guapo… no entro en el target del que los guapos, guapos como tú, se acercaría a ligar. Podría intentar conquistarte con otras armas… pero yo a ti… no al revés, que tú tendrás a quien quieras cada noche. Incluso serán capaces de ir a cuatro patas por el Espolón detrás de ti en pelota picada, si les pones esa condición para que puedan besar tus pies esa noche. ¿Te dedicas a los señoritos de compañía? Una pasta podrías ganar… Voy al grano que me lanzo y esto está quedando un poco confuso.
- B…
- Enseguida acabo, Querido. – Y exagerando un amaneramiento que en ningún caso tiene, le golpea cariñosamente el brazo, después de que la muñeca casi se le dislocara de lo que la giró hacia arriba…
- P…
- Y punto dos. Si no recuerdo mal, estabas casado. O tenías un novio que casi era marido. O algo así… Espera… espera… un chico mayor que tú… bastante mayor de hecho… y te tenía absorbido todo tu interés… y según me contó entre risas Gerva, eras una especie de mantenido… o eso le entendí, no me hagas mucho caso, así que no te hagas el pudoroso… o el que no quiere hacerme sufrir… has venido a eso, a verme sufrir… así que suelta. Dispara.
Joan se había erguido en la silla. Miraba fijamente a Fermín. Había desaparecido cualquier atisbo de sonrisa o misericordia en su mirada, en sus labios. Empezó a recoger su mochila del suelo, y a meter una libreta que hacía rato que había sacado, antes incluso de sentarse con Fermín.
- La verdad es que me has dado dónde más me duele. Empezaré por lo que te interesa. Gervasio está en Santander. Vive allí habitualmente. Esta temporada que estuvo aquí, era por trabajo. Y allí vive con su mujer y sus dos hijos. Gemelos. Gemelas, que son niñas por cierto. De dos años.
Fermín se quedó blanco.
- ¿Así querías el tema?
- Sí…
- Y antes de irme te aclaro un par de cosas – Joan empezó a levantarse mientras hablaba - Me acerqué a ti porque me dabas pena. Porque resultas patético. Y como te dije antes tengo esa vocación de ayudar a los niños, y tú hoy no tienes 25 años o los que tengas. No pasas de 10. Eso antes de hablar. Una vez que abres la boca, siquiera llegues a 6, siendo generoso contigo. Y quería sacarte de dudas. Y punto dos, o tres, da igual. Ahora mismo no tengo ninguna gana de ligar. Físicamente, la verdad es que en circunstancias normales, me pondrías, aunque para que negarlo, no eres nada del otro mundo. Pero sabes, hace dos meses murió ese que me mantenía. Murió tras pasar tres meses en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte. Y ese que me mantenía, era mi marido. Y además le debo la vida. En todos los sentidos. Y sabes lo mejor… le amaba. Profundamente. Aun después de 8 años de relación. Perdona que te haya entretenido. No, no te levantes, no hace falta darnos dos besos ni leches.
Y Joan embocó el pasillito que daba a la salida.
Fermín miraba por donde se había ido Joan.
Fermín estaba impasible.
Abrió el libro.
“Llévame a casa” de Libertad Morán.
Página 108:
“Tardaron un par de horas en llegar a su destino. Cuando se bajaron de la moto…”


martes, 12 de junio de 2012

4 formas de sentarse, por Bartolomé.





Es que depende de la forma de sentarse... se potencian ciertas partes del cuerpo...
Bartolomé nos muestran algunas.

lunes, 11 de junio de 2012

Dioses antiguos.


Recuerdo que allá por el 2008, un 25 de agosto en concreto, colgué esta foto en mi primer blog, cuando todavía era tatojimi. Y cuando mis dedos "volaban a secas", y no "volvían a volar", "o otra vez volaban". ¡Qué tiempos aquellos llenos de ilusión y de muchas cosas! Tiempos de crecimiento.
Cualquiera de los chicos me encantan. Por favor, sus teléfonos, o decidles simplemente que me llamen.

sábado, 9 de junio de 2012

Ronditos.



Si os fijáis parecen dispuestos estos chicos haciendo un rondito. Así en círculo, pasándose la pelota de unos a otros, controlando el tema.
Por cierto, si alguien conoce al chico de la derecha, el que tiene unas semi-botas blancas con cositas negras, que le diga que me llame.

jueves, 7 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (2)




Capítulo 2.

La cafetería a esa hora estaba a reventar. Fermín tenía suerte de tener una de las mesas pequeñas, redonditas… al principio de la tarde tenía 4 sillas de más, ahora apoyaba la mochila en el suelo.
Esa semana estaba de vacaciones. No se había ido a ningún sitio. Básicamente no se había ido… porque no tenía cuerpo.
Jaime le dijo que se largara, que no fuera tonto. Fermín le contestó que, evidentemente era tonto. Jaime se enfadó.
Lorena le dijo que le vendría bien. Que no podía seguir mirando a todas horas por la terraza a las 6 de la mañana, a ver si al Gervasio ese de los cojones, le había dado por ir a buscarle esa mañana para ir a correr. Y Fermín le contestó que, no podía evitarlo… Lorena le dijo que iba a coger una pulmonía… Fermín le dijo que ya… Lorena le acarició la mejilla con la palma de su mano derecha… Fermín puso la palma de su mano izquierda sobre el dorso de la mano derecha de Lorena… se miraron… y a Lorena le entró un bajón del copón de solo comprobar que su amigo Fermín, no tenia remedio. Se levantó, cogió su bolso, y salió sin mirar atrás.
Mayte dejó de quedar con él.
Joaquín le chillaba. Fermín le miraba.
Ricardo le decía que se largara… que desconectara, que durmiera escuchando las olas… Fermín le contestó que como la sombra de la catedral de Burgos, nada. Ricardo le llamó idiota. Fermín le dijo que sí. Ricardo le dijo que tenía ojeras, que debía dormir. Fermín le dijo que sí. Ricardo le dijo “vete a la mierda”. Fermín le dijo que “sí”. Ricardo le miró con furia. Fermín se fue al servicio.
En concreto era el primer día de vacaciones. Y era sábado también. Hacía un mes de su carrera con Gervasio. Subieron a casa después de correr. Bueno, correr, correr… andar a paso rápido, al principio, para luego ir a paso de tortuga. Hablaron. Y se miraron. Y hablaron. Con silencios. Y se miraron.
Subieron a casa.
Se ducharon.
Se besaron.
Desayunaron.
Se besaron.



Recogieron el desayuno.
Se besaron.
Se fueron a la cama.
Se besaron.
Echaron la siesta.
Follaron.
Se miraron.
Sonrieron como pánfilos.
Se besaron.
Gervasio se levantó. Se puso los calzoncillos mientras hacía equilibrios para no caerse. Se rieron. Al final se cayó encima de la cama.
Se besaron.
Gervasio fue a ducharse.



Fermín pensó que era un poco tonto el Gerva ese. Ponerse los calzoncillos para ir a ducharse…
Gervasio volvió… se besaron.
Ahora sí, Gervasio se vistió.
Se besaron.
Se despidieron.
Se besaron.
Se dijeron tonterías.
Se besaron.
Se dijeron que se querían.
Se besaron.
Sonrieron.
Se besaron.
Se miraron como besugos.
Se besaron…
Gervasio se fue…
Dijo que le llamaba esa tarde…
Gervasio no llamó por la tarde.
Ni la tarde siguiente. Si siquiera por la mañana.
Gervasio no llamó. Y tampoco contestó a sus llamadas.
No le vio.
Nada.
Fermín intentaba leer. Lo intentaba con una novela que le había regalado alguien, una de Libertad Morán, “Llévame a casa”. Le estaba gustando, pero esta tarde no había logrado pasar ni una sola página. Tenía su mente en… seguro que si se lo decía a alguno de sus amigos, cuando menos le mandaba a tomar viento del norte. Aunque seguro, seguro, no les sorprendería. Tenía su mente en… esa mañana… en…
- Hola.

martes, 5 de junio de 2012

Tomando café.


Mira, es que me ha sabido tan bien el café de esta mañana, que me he dicho: Jaime, debes dejar constancia.
Y he dejado constancia.
Y dejo constancia de que este chico me ha enamorado. ¿Alguien sabe como se llama?

domingo, 3 de junio de 2012

Depilación.




A veces los pelos molestan. Y muchos gustan de eliminar cualquier vestigio de pelo en el cuerpo. Matías es uno de esos.
Nota: Matías es nombre ficticio del culo de la foto. :P