miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una buena mañana para correr (9).




 En capítulos anteriores.

Capítulo 9.


Jaime se quedó con cara de bobo.
Era la primera vez que había follado con un hombre. Era la primera vez que había estado con alguien.
Había estado bien.
O no.
O había sido genial.
O no.
Ahora tenía la sensación de que había sido un desastre.
¿Y ahora qué?”, se preguntaba mirando de reojo a su alrededor, como si no quisiera que nadie se enterara que estaba mirando... “total no miro nada”. Aunque en realidad miraba la estela que había dejado Joan al irse.
Tenía reparos hasta de tocarse, de palpar su cuerpo, de sentir su propia mano sobre su piel... era como si ese gesto le fuera a quitar lo que había sentido...
Oyó un móvil sobre la mesa del salón.
Un mensaje.
Era el móvil de Joan.



Estuvo tentado de no leerlo... pero la curiosidad pudo más. Podía ser algo importante.
Levantó las cejas cuando vio el nombre de Fermín al lado de la palabra mensaje.
Lo abrió.
Dejó el móvil otra vez sobre la mesa, como si quemara.
Se tumbó en el sofá.
Poco a poco se fue encogiendo... hasta conseguir una posición fetal casi perfecta.
Lloró.
Se sentía como papel higiénico. Había limpiado la mierda de Joan, y ahora estaba recorriendo las cañerías de su casa, camino a la depuradora de aguas residuales. Lleno de mierda eso sí. Y con su mierda pegada a él. Y él, Jaime, la nueva marca de papel higiénico en los lineales del Mercadona. Eso sí, con toda su caca dentro de él.
Sonó su móvil.
Era Ana.
Le contó.
Ana le dijo que encontraría alguien digno de él.
Jaime lo intentó, pero no la creyó.
Llamó Diego.
Ana le había contado.
Jaime lloró.
Diego fue a su casa.
Jaime siguió llorando.
Diego le dijo que Fermín no era buena gente.
Jaime le defendió.
Diego le dijo que buscara en otros sitios.
Jaime le contestó que “era fácil decirlo”.
Llamó Fito. Le dijo que salieran a tomar unas tapas.
Fueron los tres.
Fito le escuchó.
Diego le miraba con pena.
Fito le dijo que “Joan era un cabrón”.
Jaime le contestó que “Joan era un tonto que se había pillado por un imbécil en proceso destructivo”
Diego y Fito se le quedaron mirando.
Pues vale.
Jaime se fue a casa.
Se metió en la cama.
Las 12,30 h.
Se puso boca arriba.
Los ojos como platos.
Las 7 de la mañana.
Los ojos como platos. Mirando al techo.
Se levantó.
Se puso el chándal.
Se fue a correr.
Hacía sol, aunque hacía frío.


1 comentario:

  1. Me encantan las fotos de esta segunda edición o simple reedición de esta narración que aún está inconclusa.

    Pobre Jaime.

    Me ha gustado especialmente la forma en que nos has transmitido la desorientación de Jaime ante los hechos, realmente creo que esa sensación llega al lector...

    ¿Por cierto que decía el mensaje de Joan?

    Un abrazo.

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