jueves, 7 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (2)




Capítulo 2.

La cafetería a esa hora estaba a reventar. Fermín tenía suerte de tener una de las mesas pequeñas, redonditas… al principio de la tarde tenía 4 sillas de más, ahora apoyaba la mochila en el suelo.
Esa semana estaba de vacaciones. No se había ido a ningún sitio. Básicamente no se había ido… porque no tenía cuerpo.
Jaime le dijo que se largara, que no fuera tonto. Fermín le contestó que, evidentemente era tonto. Jaime se enfadó.
Lorena le dijo que le vendría bien. Que no podía seguir mirando a todas horas por la terraza a las 6 de la mañana, a ver si al Gervasio ese de los cojones, le había dado por ir a buscarle esa mañana para ir a correr. Y Fermín le contestó que, no podía evitarlo… Lorena le dijo que iba a coger una pulmonía… Fermín le dijo que ya… Lorena le acarició la mejilla con la palma de su mano derecha… Fermín puso la palma de su mano izquierda sobre el dorso de la mano derecha de Lorena… se miraron… y a Lorena le entró un bajón del copón de solo comprobar que su amigo Fermín, no tenia remedio. Se levantó, cogió su bolso, y salió sin mirar atrás.
Mayte dejó de quedar con él.
Joaquín le chillaba. Fermín le miraba.
Ricardo le decía que se largara… que desconectara, que durmiera escuchando las olas… Fermín le contestó que como la sombra de la catedral de Burgos, nada. Ricardo le llamó idiota. Fermín le dijo que sí. Ricardo le dijo que tenía ojeras, que debía dormir. Fermín le dijo que sí. Ricardo le dijo “vete a la mierda”. Fermín le dijo que “sí”. Ricardo le miró con furia. Fermín se fue al servicio.
En concreto era el primer día de vacaciones. Y era sábado también. Hacía un mes de su carrera con Gervasio. Subieron a casa después de correr. Bueno, correr, correr… andar a paso rápido, al principio, para luego ir a paso de tortuga. Hablaron. Y se miraron. Y hablaron. Con silencios. Y se miraron.
Subieron a casa.
Se ducharon.
Se besaron.
Desayunaron.
Se besaron.



Recogieron el desayuno.
Se besaron.
Se fueron a la cama.
Se besaron.
Echaron la siesta.
Follaron.
Se miraron.
Sonrieron como pánfilos.
Se besaron.
Gervasio se levantó. Se puso los calzoncillos mientras hacía equilibrios para no caerse. Se rieron. Al final se cayó encima de la cama.
Se besaron.
Gervasio fue a ducharse.



Fermín pensó que era un poco tonto el Gerva ese. Ponerse los calzoncillos para ir a ducharse…
Gervasio volvió… se besaron.
Ahora sí, Gervasio se vistió.
Se besaron.
Se despidieron.
Se besaron.
Se dijeron tonterías.
Se besaron.
Se dijeron que se querían.
Se besaron.
Sonrieron.
Se besaron.
Se miraron como besugos.
Se besaron…
Gervasio se fue…
Dijo que le llamaba esa tarde…
Gervasio no llamó por la tarde.
Ni la tarde siguiente. Si siquiera por la mañana.
Gervasio no llamó. Y tampoco contestó a sus llamadas.
No le vio.
Nada.
Fermín intentaba leer. Lo intentaba con una novela que le había regalado alguien, una de Libertad Morán, “Llévame a casa”. Le estaba gustando, pero esta tarde no había logrado pasar ni una sola página. Tenía su mente en… seguro que si se lo decía a alguno de sus amigos, cuando menos le mandaba a tomar viento del norte. Aunque seguro, seguro, no les sorprendería. Tenía su mente en… esa mañana… en…
- Hola.

1 comentario:

  1. Las tonterías de los enamorados no tienes parangón ni enmienda...

    Me encantan esas fotos.

    Un abrazo.

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