sábado, 30 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (5).





Capítulo 5.

Joan miró por enésima vez su teléfono. No había ninguna llamada perdida. Fermín no le había llamado. Ni él ni nadie. Aunque los demás no importaban.
Recordaba aquella mañana de domingo. Recordaba cuando se metió en la ducha. Recordaba ese primer beso de Fermín. Recordaba cómo le fue recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Con sus labios.



Recodaba cuando se corrió por primera vez ese día.
Recordaba cuando fueron al dormitorio. Como se besaron. Como se acariciaron.
Recordaba cuando se corrieron los dos por segunda vez.
Recordaba ese café ya frío que se tomaron después. Y como se corrieron por tercera vez en el sofá del salón.
Recordaba como salieron desnudos con el edredón a fumar un cigarro a la terraza. Como se abrazaron y como se daban calor mutuamente debajo del nórdico. Como se besaron… hasta que empezaron a notar el frío. Como volvieron a la ducha… y como se corrieron por cuarta vez.



Recordaba como comieron un sándwich cuando ya anochecía.
Recordaba las promesas de amor de Fermín.
Recordaba el beso largo y profundo que le dio en la puerta. Y como le prometió llamarle. Al día siguiente. Porque estaba de vacaciones. Y quería pasar esa semana con él, con Joan.
Joan pensó seriamente en que quizás Fermín fuera el que le hiciera superar a Ignacio. Porque aunque no lo reconocía en voz alta, Ignacio seguía ahí, dentro. Joan se lo contó así a Rafa… su amigo de toda la vida. Rafa le miró con cara de escepticismo… le dijo que no le conocía. Que no conocía apenas a Fermín. Joan levantó las cejas… y le contestó que “Tú que sabes”. Rafa se iba a trabajar a Londres al día siguiente. “Bye, Bye” le dijo con la mano cuando se despidieron, pero sin echarle de menos.
Al día siguiente esperó la llamada. Lunes. Tenía clase… pero no fue. Esperaba la llamada. Rosa le llamó… le contó… Rosa le dijo que fuera a clase… Joan le dijo que vale…
Pero no fue hasta el miércoles.
Tuvo que ponerse las pilas para recuperar el tiempo perdido.
Inés, su compañera. Le dijo que si no era muy pronto para olvidarse del “amor de su vida”. A Joan le contestó que si debería haber muerto con él. Inés le miró con desprecio. Joan no le volvió a mirar a la cara.
El miércoles por la noche, le llamó.
Fermín no contestó.
Llamó 5 minutos después.
No contestó.
Esta vez dejó 10 minutos.
Teléfono apagado
El jueves a las 11, seguía el teléfono “apagado o fuera de cobertura”



26 intentos de llamada fallida.
Ricardo le dijo que a lo mejor era la forma de decir de Fermín que había sido un buen polvo… y que no quería nada más. Joan le miró con cara de cordero degollado.
- Ricar, he perdido la forma. No estoy acostumbrado a estas cosas. 8 años con Ignacio… ya no sé lo que quieren decir los gestos. A lo mejor “te llamo mañana” Quiere decir… “Vete con tu culo a pasear por el Castillo”.
- No te agobies Joan…
- No me agobio Ricar, ya estoy agobiado.
- ¿Te pillaste?
- Me pillé la primera vez que le vi. Cuando Gervasio me lo presentó.
- Joan…
- Soy bobo.
- Te van a hacer daño. Eres demasiado confiado.
- Ya…
- Ignacios no hay muchos.
- Ya.
- No jodas la vida por…
- De momento ha sido solo una semana.
- Joan…
Y Ricardo se calló. Le miró con cara de pena. Joan no se dio cuenta, tenía la cabeza gacha. Para un observador superficial, podría haber significado que su amigo le daba pena. Para uno avisado, Ricardo se daba pena a sí mismo. Al final, se levantó y dejó sentado a Joan. Le dio un apretón en el hombro como forma de despedida. Aunque lo que verdad le pedía el cuerpo era abrazarlo y besarlo... en los labios.


1 comentario:

  1. Sigo encandilado con las fotos... La historia ya sabes que me tiene enganchado... No recordaba que Ricardo saliera tan pronto...

    Una abrazo, guapo.

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