viernes, 15 de junio de 2012

Una buena mañana para correr (3).




Capítulo 3:

Fermín levantó la cabeza, sobresaltado. Un chico le miraba sonriente, desde la superioridad que da el que estuviera de pie, y él sentado. Tardó en centrar la vista… y luego no relacionaba a ese chico con un nombre. Su cabeza trabajaba a todo ritmo… pero no lograba…
- Hola – dijo apresurado Fermín, para no parecer descortés. Estiró su mano para dársela…
- Anda, dos besos mejor ¿no?
Y el chico se agachó… Fermín medio se levantó… casi chocan… se rieron nerviosos… al final atinaron a darse esos dos besos de saludo.
- Qué lío nos hemos montado en un minuto – dijo el chico.
- Sí – dijo mirándolo fijamente, pero casi sin poder ocultar su nerviosismo… le sonaba… y es que era guapo el condenado también…
- ¿Me puedo sentar? ¿Te importa?
- No, para nada… siéntate… huy… lo que no sé es dónde….
- Espera, voy a buscar una silla… espera, allí veo una… ahora vuelvo.
Fermín no dejaba de pensar… ¡¡Hostia puta!! Joan… el amigo de Gervasio… cómo se le podía haber olvidado…
- Ya estoy aquí.
- Sí…
- No sabes quien soy, ¿a que no?
- Sí… perdona… que… bueno… que no te reconociera al principio… ¿se me notaba mucho?
- Na… no demasiao… - Joan sonreía para quitarle importancia - ¿Como estás?
- ¿Yo? Estupendamente… sisisisisisi… fíjate, estoy de vacaciones. ¿Se puede estar mejor?
- Que suerte… ¿En qué trabajas? Gervasio no me ha contado en que trabajas.
- Na, trabajo director de marketing en una bodega de vinos de la Ribera de Duero.
- ¡Joder!… Pero si eres muy joven…
- El jefe es mi amigo… jajajajaja. Casi me subí al proyecto junto a él. Su familia es de pasta y le dieron money para montar la empresa. Él siempre tuvo ese sueño. Somos amigos de toda la vida… y acabé la carrera y me lancé.
- ¡Qué guay! ¿Y va bien?
- No nos podemos quejar… estamos aumentando… huy… perdona, me acabo de dar cuenta que me voy a enrollar como las persianas… y no quiero aburrirte… ¿a que te dedicas tú?
- Yo estudio. Pero no me aburría para nada lo que me contabas…
- ¿Qué estudias?
- Pedagogía.
- ¡Anda!
- Sí…
- ¿Es vocacional?
- Sí, sí… me gusta enseñar… espero dedicarme a los niños con problemas… Si pudiera me iba a estudiar Psicología a Salamanca… o Madrid… para completar… pero además me da pereza irme, estoy a gusto en Burgos.
- Eso suele ser que has conocido a alguien con problemas…
- Yo mismo… yo he tenido muchos problemas… soy yo mismo el que me sirve de acicate.
- ¡Vaya! ¡Lo siento!... no quería…
- Ya, ya…
- Bueno…
Se quedaron callados un rato. Fermín estaba un poco avergonzado por haberle llevado a decir cosas tan íntimas. Aunque en verdad, lo que le avergonzaba esa el saberlas…
- ¿Sabes algo de Gervasio?
- ¿Ein?
Fermín se volvió a quedar descolocado…
- Ya veo que no…
- No… bueno hace unas semanas estuvimos corriendo juntos…
- Vaya…
- Sí, pero desde entonces…
- Sigues pillado por él ¿eh?
- ¿Eh?
- Es que se te notaba la hostia…
- ¿Sí?
- Sí.
- ¡Ah!
Joan le miraba con una medio-sonrisa en sus labios. Una sonrisa que a la ligera, podríamos pensar que se indicaba un cierto sentimiento de superioridad respecto a Fermín, como si estuviera por encima de él… por encima de las cosas o sentimientos que pudiera tener en ese momento su compañero de mesa… pero estudiándola más profundamente, en realidad era una mirada de pena… mezclada con la intención de animarlo, de quitar importancia al desierto por el que parecía estaba pasando Fermín… Pero éste no estaba para entender esas sutilezas.
- ¿Tú sabes algo de él? - Se atrevió a preguntar al cabo de unos minutos Fermín, que se estaba poniendo tenso.
Y lo hizo sin mirar a Joan, perdiendo la mirada en cualquier sitio, en ninguno en realidad. Sin atreverse a ver la reacción que iba a tener… no sabía siquiera si quería oír la respuesta…
- Sí y no… - contestó Joan, tampoco muy seguro de cómo contestar…
- ¡Ah! Muy esclarecedor… - a Fermín se le empezaba a levantar un cierto ánimo de rabia, furia más bien. No entendía lo que Joan pretendía y eso le empezaba a sacar de sus casillas.
- ¡Ains! Es que…
- Joan, vamos a ver… - Fermín estalló - nos presentó un día Gervasio. Eres amigo de él, supongo, o eso me pareció. Me dices hace unos instantes que se me notaba a la legua que estaba más coladito por él que… que… que… joder no se me ocurre ninguna comparación. Pero me entiendes… o sea que sabías si te sentabas en esta mesa, que Gervasio iba a salir. Y encima lo sacas tú, o sea que la pregunta estaba cantada. Porque es evidente que sabes que está de viaje, o que está con su marido, porque a lo mejor está casado, o que ha muerto de un cáncer fulminante. O sea que ahora no te hagas el indeciso, el estrecho. Si te has sentado aquí, si hoy me has buscado, es que querías contarme algo de él, o que yo te contara o regodearte en la simpleza mía de estar jodido desde hace meses, desde que le conocí…
- E…
- Cállate un segundo, please. Déjame acabar.
- Vale, vale… no di…
- Pues eso, cállate un segundín. También podría pensar que quisieras ligar conmigo. Pero… primero eres demasiado guapo… no entro en el target del que los guapos, guapos como tú, se acercaría a ligar. Podría intentar conquistarte con otras armas… pero yo a ti… no al revés, que tú tendrás a quien quieras cada noche. Incluso serán capaces de ir a cuatro patas por el Espolón detrás de ti en pelota picada, si les pones esa condición para que puedan besar tus pies esa noche. ¿Te dedicas a los señoritos de compañía? Una pasta podrías ganar… Voy al grano que me lanzo y esto está quedando un poco confuso.
- B…
- Enseguida acabo, Querido. – Y exagerando un amaneramiento que en ningún caso tiene, le golpea cariñosamente el brazo, después de que la muñeca casi se le dislocara de lo que la giró hacia arriba…
- P…
- Y punto dos. Si no recuerdo mal, estabas casado. O tenías un novio que casi era marido. O algo así… Espera… espera… un chico mayor que tú… bastante mayor de hecho… y te tenía absorbido todo tu interés… y según me contó entre risas Gerva, eras una especie de mantenido… o eso le entendí, no me hagas mucho caso, así que no te hagas el pudoroso… o el que no quiere hacerme sufrir… has venido a eso, a verme sufrir… así que suelta. Dispara.
Joan se había erguido en la silla. Miraba fijamente a Fermín. Había desaparecido cualquier atisbo de sonrisa o misericordia en su mirada, en sus labios. Empezó a recoger su mochila del suelo, y a meter una libreta que hacía rato que había sacado, antes incluso de sentarse con Fermín.
- La verdad es que me has dado dónde más me duele. Empezaré por lo que te interesa. Gervasio está en Santander. Vive allí habitualmente. Esta temporada que estuvo aquí, era por trabajo. Y allí vive con su mujer y sus dos hijos. Gemelos. Gemelas, que son niñas por cierto. De dos años.
Fermín se quedó blanco.
- ¿Así querías el tema?
- Sí…
- Y antes de irme te aclaro un par de cosas – Joan empezó a levantarse mientras hablaba - Me acerqué a ti porque me dabas pena. Porque resultas patético. Y como te dije antes tengo esa vocación de ayudar a los niños, y tú hoy no tienes 25 años o los que tengas. No pasas de 10. Eso antes de hablar. Una vez que abres la boca, siquiera llegues a 6, siendo generoso contigo. Y quería sacarte de dudas. Y punto dos, o tres, da igual. Ahora mismo no tengo ninguna gana de ligar. Físicamente, la verdad es que en circunstancias normales, me pondrías, aunque para que negarlo, no eres nada del otro mundo. Pero sabes, hace dos meses murió ese que me mantenía. Murió tras pasar tres meses en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte. Y ese que me mantenía, era mi marido. Y además le debo la vida. En todos los sentidos. Y sabes lo mejor… le amaba. Profundamente. Aun después de 8 años de relación. Perdona que te haya entretenido. No, no te levantes, no hace falta darnos dos besos ni leches.
Y Joan embocó el pasillito que daba a la salida.
Fermín miraba por donde se había ido Joan.
Fermín estaba impasible.
Abrió el libro.
“Llévame a casa” de Libertad Morán.
Página 108:
“Tardaron un par de horas en llegar a su destino. Cuando se bajaron de la moto…”


1 comentario:

  1. ¿Te he dicho ya que me encantan esas imágenes con las que ilustras esta segunda edición?

    Me parece una putada muy gorda que alguien te abra así los ojos, aunque en general te hacen un favor, en este caso no sé si hacía falta y menos en estos términos. No dudo de la buena fe de Joan, pero este, Joan, tampoco sabe lo que en realidad siente Gervasio. Y no digo más por no adelantar acontecimientos... Algo así duele y más en esos términos. Ya sé, ya sé que la vida es dura.

    Un abrazo.

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